Periodismo Musical

Yes

The Ladder fue el disco número dieciocho en la carrera de los británicos Yes que vio la luz en 1999. Este trabajo supuso la presentación del teclista Igor Khoroshev como miembro oficial de la banda. La publicación de este álbum tuvo la triste noticia del fallecimiento del productor Bruce Fairbairn en mayo de ese mismo año por lo que dedicaron el disco a su memoria. Lo que pretendieron en este disco fue una vuelta a sus sonido primerizo más allá del baile de formaciones que siempre tuvieron que sufrir. «Homeworld (the Ladder)» inspirada en el videojuego es la encargada de abrir el disco, un tema muy completo de más de nueve minutos con una amable línea vocal sobre un medio tempo donde destacan las distintas texturas de teclas así como la brillante línea de bajo del malogrado Mr. Squire, el tramo intermedio cambia en un animado pasaje de pseudo boogie que nos lleva hasta un bonito final a piano y voz que nos deja con ganas de más. «It Will Be A Good Day (The River)» es un rotundo corte de cariz ochentero, más accesible y con una melodia de las que atrapan en su primera escucha, un claro hit que quedó tapado por otros grandes totems de su discografía. «Lightning strikes» es una agradable sorpresa con un inicio entre bossa y el aire latino que desemboca en un desenfadado tema bailongo con un bombo a negras muy disco, a destacar el fill intermedio espectacular de Squire. «Can I?» es un pequeño interludio coral que sirve para dar paso a «Face to face» en donde el protagonismo lo toman nuevamente Squire con una línea bailarina y los colchones de Khoroshev aportando un carácter muy espacial, esto no parecen los Yes añejos pero el tema está muy logrado. «If Only You Knew» es una bonita balada con coros preciosistas y rebosante buen gusto. En «To Be Alive (Hep Yadda)» se atreven a incluir sonidos de sitar que le aportan una sonoridad arabesca, nuevamente estamos antes un tema melódico accesible y muy bonito, pero insisto… Esto no se parece a los inicios de Yes. Estupendo riff el que da paso a «Finally», rockera y con mayor desarrollo, con espacio para arreglos orquestales, el intermedio sinfónico nos devuelve de golpe veinte años atrás. Un groove de Squire comanda el devenir de «The Messenger» al que se le va sumando los arreglos de guitarra acústica, la voz y los colchones de teclas, aquí destaca el estupendo solo de Howe así como el reposado final de aire folkie. En «New language» si nos encontramos con su raíz iniciática, abruptos cambios de ritmo con estupendos fraseos de Hammond y un tramo a teclado y voz muy quedón, los sonidos de mellotron así como los enérgicos breaks nos transportan a épocas doradas, aquí si. «Nine Voices (Longwalker)» es una estupenda balada que sirve como Coda, con una exquisita labor vocal. Realmente no es mal disco, no puede serlo con músicos de este calibre, pero no representa la esencia de la banda.
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