Periodismo Musical

The Prodigy

El tercer disco de los británicos The Prodigy publicado en 1997 bajo el título de «The Fat of de land» fue el espaldarazo definitivo para situar a la banda como un fenómeno dentro de la música electrónica. Su mezcla de techno tan potente con una puesta en escena impactante a cargo de sus vocalistas Maxim Reality y Keith Flint (D.e.p.). El inicio con el single «Smack my bitch up» está lleno de rotundidad, cargado de graves y con un marcado ritmo nos lleva a través de un viaje que combina la electrónica de club con aires arabescos. Todo ello sin mencionar su controvertido videoclip que a más de uno voló la cabeza. «Breathe» fue otro de los exitazos del disco, un potente corte con una base que evoca al rap de la costa este pasado por su filtro estilístico y secundado por retazos de guitarras eléctricas conforman un hitazo atemporal, con su respectivo videoclip epatante. En «Diesel power» mezclan su característica electrónica con atronador es graves con flows de rap que bien podrían haber salido de Compton a cargo de Kool Keith. El bucle inicial de «Funky Shit» nos conduce a través de un corte rompepistas con reminiscencias a la electrónica de NY, los breaks de samples orquestales le aportan mayor dinamismo. «Serial thrilla» transmite nocturnidad, toxicidad y un punto noise integrado en su propuesta bailable, por que con violencia también se puede bailar. La cultura breakbeat también caló hondo en la banda británica, cortes como «Midfields» dan buena cuenta de ello, su agresividad en ritmos y voces resultó algo novedoso en la escena. Para «Narayan» cuentan con lo colaboración del vocalista y guitarrista de Kula Shaker, un camaleónico Crispian Mills deja su impronta en los casi diez minutos de desarrollo. «Firestarter» fue el primer adelanto del disco y uno de los culpables de su éxito, electrónica hardcore con una potente base rítmica que retumba en el pecho. «Climbatize» encara el final con unos colchones de sintetizadores que juegan con la modulación a la que se le suma una línea de bajo que sostiene su sugerente devenir. El final lo pone una revisión del tema «Fuel my fire» de L7 que cuenta con la colaboración de Saffron, la que fuera vocalista de la banda República. Un disco que marcó época, y que llegó hasta oídos no acostumbrados a la electrónica.
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