The doors

Este fue el cuarto disco de los míticos estadounidenses The Doors que vió la luz en 1969. Después del éxito cosechado con sus anteriores entregas, tuvieron que sufrir la poca aceptación de público y crítica de este nuevo trabajo, que no aceptó el viraje estilístico de la banda, que empeñó en no sonar a discos pasados. Aún así, la grandeza de los angelinos estaba por encima de las producciones, si bien el disco no tiene la locura y rabia lisérgica que tanto los caracterizó… Si que cuenta con momentos de lo más afortunado. «Tell all the people» sorprende en primera instancia mostrando a unos The Doors más reposados, con hechuras de Big band y un Morrison a lo crooner. Con un aire más animado, aderezado con exquisitos arreglos orquestales tenemos «Touch me», uno de los temas que más callaron. «Shaman’s blues» es la más deudora de sus primeros años, serpenteante línea de bajo sobre la que Krieger nos muestra su lado psicodélico, aquí sí reconocemos al Morrison de siempre. «Do it» por otra parte es machacona, incesante en su idea hasta resultar cargante. Más acelerada, con una estupenda labor a las teclas de Ray Manzarek es «Easy ride», una de las más directas del disco. «Wild child» es cadenciosa, de tempo pesado y de instrumentación árida que nos transporta a paraísos salvajes. «Runnin blue» es la que se sale más de la línea general, Morrison cantando sobre una orquesta como si de Paul Anka se tratara.“Wishful Sinful” Es una bonita balada que sirve de antesala para la homónima «The soft parade», presentación incluida nos da el cierre con ocho minutos de desarrollo donde dan rienda suelta a su inventiva. Quizá no sea su mejor obra, pero es un disco más que curioso.
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