Periodismo Musical

Muro

Los años noventa fueron extremadamente complicados para muchas bandas que venían de los comienzos de la década anterior, las nuevas tendencias alternativas, el grunge o esos primeros trabajos de lo que todavía no se conocía como «Nu metal» que venían del otro lado del charco hicieron que las bandas de heavy metal perdieran mucho protagonismo en cuanto a conciertos y atención de medios especializados. El caso de la banda vallecana Muro fue uno de tantos casos, que tras alcanzar un buen nivel con su debut «Acero y Sangre» (1987) y «Telón de acero» (1988) llegó el experimento en inglés llamado «Mutant hunter» (1989). El cansancio en el seno del grupo comenzaba a hacerse patente y fue por eso por lo que el batería Lapi dejó su puesto para que Joaquín Arellano «El Niño» grabara el cuarto trabajo «Pacto de sangre» (1992). «Desengancha» abre el disco con un balazo speed metalero de atronadoras guitarras e incesante doble bombo en el que tratan con todo lujo de detalles la realidad de muchas personas en aquellos años enganchadas a la heroína. Le sigue «Lujuria» un tema mucho más cadencioso dominado por el cabalgueo de las guitarras y unos coros que evocan la epicidad de bandas como Manowar. Tras un oscuro inicio netamente heavy ortodoxo, «Voy a por tí» explota es un derroche speed metalero que combina potencia thrash con riffs deudores de la primera época de Iron Maiden creando un contraste muy suyo. Un riff de bajo a cargo de Julito nos introduce a «Pacto de Sangre», que nos lleva a través de un medio tiempo muy áspero en el que vuelve a notarse esa influencia thrash que sacaron a relucir en «Mutant hunter» para ganar velocidad en la segunda parte del tema volviéndose ideal para el cabeceo. La temática de bares y priva siempre fue recurrente en varias de sus canciones, aquí lo hacen con «Bébetelo todo» como si de nuestros Tankard ibéricos se tratara. Sin concesiones en lo musical ni en lo lírico continúan con el alegato anti mili llamado «Muerte por muerte», una cuestión que en aquellos años estaba de rabiosa actualidad. Aunque ellos nunca fueron muy de baladas, «Una mentira llamada amor» bien se le podría conceder el título de ser la primera dentro de su discografía, con un intenso estribillo apoyado por colchones de teclas. Para el final tenían que volver a la velocidad y tralla como su seña de identidad, «Los nueve mandamientos» nos golpea con fuerza para dejar el telón en todo lo alto. Pese a ser un trabajo más que decente, no funcionó igual que los anteriores y esto ocasionó la disolución de la banda, que volvería en 1999.
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