Periodismo Musical

Helloween

Como suele pasar cuando una banda factura obras que se convierten en historia del género (en este caso del heavy/power metal) como fueron los «Keeper of the seven keys», sus siguientes trabajos no llegan a los mismos niveles de popularidad, eso pasó con «Pink bubbles go ape», que sin ser un mal disco no contó con el beneplácito ni de la crítica ni de la parroquia heavy. El sexto disco «Chameleon» (1993) no fue mucho mejor, ya que la banda abrió el abanico estilístico para ofrecernos un disco con una paleta sonora de lo más amplia. En primera instancia hay que destacar que este fue el último trabajo que grabó el vocalista Michel Kiske como el batería Ingo Schwichtenberg, que abandonaron la banda por distintos motivos. El comiezo del disco con «First time» bien parecía que estábamos ante un trabajo continuista de las directrices heavy power metaleras que les habían llevado a lo más alto. El primer impacto sónico vino de la mano de «When the sinner», un tema firmado por el vocalista Kiske que nos ofrece un medio tiempo de aire más personal y que tiene más de hard rock melódico que de otra cosa. Lo que es cierto es que pese al cambio de concepto, las melodías vocales seguían siendo muy reconocibles. «I don´t wanna cry no more» es la primera balada del álbum, sin la solemnidad de antaño pero con un toque electro acústico y unas armonías vocales propias de grupos en la onda de Bon Jovi. La mezcla de una colorista sección de metales con guitarras heavylonas hace que «Crazy cat» parezca el aponning de una serie de dibujos manga, un corte muy animado y con un aire muy happy. No todo fue tan diferente y rompedor, canciones como «Giants»aunque no tienen ese punto tan frenético si que guardan la esencia de los Helloween más heavys, sus guitarras hablan por si mismas. Llega el turno de la segunda balada del disco con «Windmill» con una delicada tonadilla vocal que evoca a una canción de cuna y una instrumentación exenta de distorsión, algo que no fue muy bien aceptado por cierto sector de sus seguidores. El pesado groove de «Revolution now» fue otro de esos temas que supuso una sorpresa, un cadencioso ritmo que por momentos evoca a Rainbow pero con una atmósfera más oscura en el que destaca la labor de su bajista Markus Grosskopf , siempre excelso. También ocurrió con «In the nigh», con ese toque electro acústico de aroma western hard rockero más propio de bandas como Blue Murder fue algo chocante. Los siete minutos de duración de «Music» juega más con las texturas ambientales que con la velocidad y los riffs afilados, en definitiva, otro concepto diferente. Los teclados iniciales de «Step out of hell» nos llevan a través de un amable desarrollo con claro aire a bandas de hard rock melódico norteamericano (aunque en cuanto arreglos el poso heavy seguía estando ahí). Es una verdadera lástima que haya quedado relegada al olvido (al menos dentro de su repertorio) el extasis sónico de más de nueve minutos llamado «I believe», que sirve como antesala para el final con la suntuosa balada de aire folkie «Longing». Como suele pasar con muchos de estos discos, en un primer momento el cambio no es bien aceptado por el público, pero con el paso de los años se entiende mucho mejor y se puede decir con todas las de la ley que estamos ante un disco muy disfrutable.
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